Tras informarse acerca de cuánto cuesta una residencia de ancianos, son muchas las personas que optan por los centros públicos. Y es que, tal como explicamos en el artículo sobre qué tipo de IVA se paga en las residencias de ancianos, las que son públicas exigen un desembolso notablemente inferior en comparación con las privadas. Sin embargo, no es fácil acceder a una de ellas.
A continuación explicaremos los pasos que hay que seguir para tramitar la solicitud de una plaza en una residencia de ancianos pública. Eso sí, ten en cuenta que completar todo el proceso no garantiza ni mucho menos la obtención de la ansiada plaza.
Solicitar cita previa
En primer lugar, has de saber cuál es el centro de Servicios Sociales que se encuentra más próximo a la actual residencia de la persona mayor, en caso de que lo estés haciendo para un ser querido. Si eres tú mismo quien va a solicitar la plaza, no te preocupes: no es necesario que vayas presencialmente al centro, puesto que en dichas instalaciones saben que los ancianos están bastante limitados a nivel físico.
Independientemente de quién sea la persona que vaya al centro de Servicios Sociales, es imprescindible haber llamado antes con tal de solicitar una cita previa. En caso contrario, no se recibirá la atención requerida.
Pedir una valoración que determine qué grado de dependencia se tiene
Tener acceso a una plaza que es pública es imposible si el grado de dependencia no alcanza un mínimo. Así pues, hay otro paso importantísimo que debe llevarse a cabo. Efectivamente, consiste en pedir esta valoración.
Para tal fin, es necesario aportar una serie de documentos, desde la cartilla sanitaria y el certificado de empadronamiento hasta el Documento Nacional de Identidad. Por último, la solicitud tendrá que firmarse.
No podemos elaborar una lista definitiva de documentos, ya que el trámite burocrático varía en función de cada Comunidad Autónoma, pero si todo está bien, tarde o temprano se acaba recibiendo la esperadísima llamada.
Durante el transcurso de la conversación telefónica, se hace saber el día exacto, así como la hora, en que acudirá la persona encargada de valorar a quien solicita la plaza en una residencia de ancianos pública. No te preocupes: tendrás la suficiente antelación porque no se realiza la valoración de un día para otro.
El trabajador social encargado del caso irá al hogar de dicha persona con el objetivo de valorar su estado actual en términos no solamente cognitivos, sino también físicos. De nuevo hay que decir que no se pueden saber con antelación y exactitud las preguntas que hará este profesional, pero siempre guardan relación con el día a día del susodicho.
Un claro ejemplo es el de preguntar al anciano si es capaz de ir al baño por sus propios medios o si necesita ayuda de otra persona. Ahora que hemos mencionado a otro individuo, es un buen momento para decir que se requiere a un familiar en el domicilio mientras tiene lugar la valoración. No importa si se trata de un hijo, un nieto u otro ser querido con lazos de sangre.
Antes de abordar el siguiente paso, damos un consejo que consideramos importantísimo: hay familias que trazan una estrategia para que el anciano parezca más incapacitado, pero es prácticamente imposible que fructifiquen. Los trabajadores sociales saben cuando un anciano o sus familiares están diciendo la verdad. A su vez, detectan cualquier exageración, medias verdades o directamente mentiras. En definitiva, la sinceridad es clave para conseguir la plaza en una residencia de ancianos pública.
Tras haber concluido la valoración, pasará un tiempo hasta que se reciba una carta que será determinante. En ella se especificará el grado de dependencia, factor que resultará crucial a la hora de solicitar la plaza pública.
Desafortunadamente, el conocido como primer grado no permite acceder a una residencia de ancianos pública. Si se diera dicho paso, el gobierno tendría que conseguir muchos más fondos para costear las residencias a multitud de personas de avanzada edad que solo tienen una dependencia moderada.
Es por este motivo que solo pueden solicitar la plaza las personas mayores que tienen dependencia severa o gran dependencia. La severa es el segundo grado que da a entender que ese individuo todavía tiene un poco de autonomía, pero requiere ayuda en muchas de las acciones que lleva a cabo diariamente. Por su parte, la gran dependencia es aquella con la que se valora a los ancianos que, como su propio nombre indica, carecen de autonomía.
Tramitar la solicitud para la obtención de la plaza
¿Recuerdas que antes hemos mencionado al trabajador social? Este profesional adquiere una gran relevancia a lo largo de todo el proceso, porque después de la recepción de la carta, en base al grado que se le reconozca a la persona, dicho especialista podrá ayudar al susodicho en los trámites que tendrá que hacer.
El trabajador social ayudará a rellenar los diversos campos en los que debe introducirse una información en concreto, siendo de vital importancia no equivocarse en ninguno de ellos para no retrasar más si cabe un trámite que, todo sea dicho, es bastante lento -como cualquier proceso burocrático en España-.
En la mayoría de casos, transcurren unos cuantos meses hasta que se obtiene la plaza en una residencia de ancianos pública, sobre todo si se trata de una persona que tiene dependencia severa. Pero, ¿y los mayores que han sido valorados con una gran dependencia? Entonces habrá que esperar un poco menos.
Por desgracia, incluso los afectados por el tercer grado han de lidiar con un tiempo de espera considerable. Así pues, desde Terceraedad.club recomendamos fervientemente iniciar el trámite a la mayor brevedad posible.
Tarde o temprano acaba produciéndose la feliz noticia: la persona mayor con un grado dos o tres de dependencia es admitida en una residencia de ancianos pública. Algunos de ellos tienen la gran suerte de obtener una plaza en un centro ubicado en aquella ciudad en la que residen. Otros, por el contrario, han de conformarse con unas instalaciones que, como máximo, estarán emplazadas a menos de medio centenar de kilómetros, lo cual supone un contratiempo para los familiares que quieran visitar frecuentemente a su ser querido.
Aun así, merece la pena especialmente tras informarse sobre cómo se paga una residencia de ancianos pública y ver que, entre la pensión y su propia ayuda, podrán abonar el importe sin problemas. De esta manera, su familiar recibirá la atención que merece día tras día.